El espíritu de la Modernidad

22 09 2009

A la altura del cruce de la Av. Javier Prado con la Vía Expresa se alza el nuevo edificio más alto de Lima, el hotel Westin Libertador, de más de 30 pisos de altura. Para estándares de Lima, un coloso enorme de concreto y fibra de vidrio que simboliza una forma de progreso: un hotel moderno, de estándares internacionales que nos pone, se supone, a la altura de las mejores capitales del mundo.

La historia de los rascacielos se escribe a través del siglo XX con la misma idea. Edificios enormes que se alzan, babélicos, hacia el cielo, y simbolizan la capacidad del hombre de construir monumentos gigantescos a sí mismo. Porque, de hecho, un rascacielos no tiene mucho otro sentido: es cierto, es un uso supuestamente más eficiente de un espacio limitado el aprovecharlo hacia arriba. Pero a partir de cierto punto – digamos el piso 50, que ya es bastante – el hecho de que un edificio se siga extendiendo hacia el cielo es simplemente el hecho de ver cuán lejos puede llegar. De ver qué tan alto podemos quedarnos, cuál es el nuevo edificio más alto del mundo. Los rascacielos son, en cierta manera, la cristalización arquitectónica del espíritu de la Modernidad: no sólo son ellos mismos símbolos del progreso de una sociedad, sino que representan visual y espacialmente el triunfo de la voluntad del hombre sobre los elementos. La ciencia y la técnica consiguen de esta manera realizar lo que antes habría parecido imposible.

Hace unos días, se conmemoraba un aniversario más del atentado del 11 de setiembre del 2001 contra las Torres Gemelas en Nueva York. De por sí, es un atentado brutal, en el que murieron miles de personas. Pero culturalmente es un golpe tremendamente más devastador: solemos decir, y con razón, que las torres gemelas fueron escogidos porque simbolizaban el poderío financiero de los Estados Unidos, y golpearlas y derribarlas era un profundo mensaje simbólico. Pero eran, quizás, más que eso: no era cualquier rascacielos, eran las torres gemelas. El poderío humano se alzó 100 pisos por encima del suelo, y cuando terminó, bajó y lo hizo de nuevo, simplemente porque podía. Lo que se vino abajo no eran solamente 200 pisos de concreto y fibra de vidrio, sino que era, también, el símbolo del espíritu de la Modernidad: algo así como decir que, si el hombre pretende llegar tan alto, pues caerá con una fuerza igualmente proporcional. Una recreación moderna del mito de Ícaro, volando para alcanzar el sol y luego cayendo a su muerte.

Lo más sorprendente es, sin embargo, que por muy golpeado que pueda andar el espíritu de la Modernidad, no se ve aplacado. El diseño que pretende reemplazar a las torres gemelas no es simplemente un homenaje a los caídos, sino que es un nuevo edificio. Más grande. La “torre de la libertad” se ha empezado a construir en la misma ubicación, más grande y más sólida, simbolizando no sólo, de nuevo, el poderío económico de los Estados Unidos frente a la amenaza terrorista, sino al mismo tiempo y quizás más complejamente, que el espíritu de la Modernidad puede reconstruirse y reconstituirse a pesar de los golpes más devastadores.

¿Por qué viene todo esto al caso? Porque de alguna manera nosotros estamos recorriendo el origen conceptual de todo este complejo aparato simbólico (de concreto y fibra de vidrio). Estamos, si quieren, haciendo el hueco para empezar a poner los cimientos de la construcción. Descartes, por ejemplo, está buscando el fundamento inamovible, seguro, a partir del cual construir todo su edificio del conocimiento de tal manera que no pueda ser traído abajo de ninguna manera, porque es claro y distinto, absoluta y matemáticamente verdadero. Una vez que tengamos unos fundamentos sólidos, la tarea de la ciencia podrá avanzar con seguridad sabiendo que lo que obtiene es verdadero conocimiento.

Quizás con Hobbes el ejemplo es más claro aún, y venga, incluso, más al caso todavía. Hobbes, de hecho, está construyendo un edificio gigantesco: el edificio del Leviatán, del Estado-nación moderno que pronto se volverá en el ordenamiento político básico de la época. Y el Leviatán reúne y absorbe todo el principio de autoridad y gobierno de una sociedad, rigiendo como monarca absoluto. Es el edificio más alto, más sólido, más importante, frente al cual todos los demás individuos se someten a cambio de protección. Y digo que quizás el ejemplo venga más claramente al caso porque lo que conceptualmente refleja el edificio del Leviatán es la misma consolidación del poder que un edificio como la “torre de la libertad” busca reflejar también: una imagen imponente, consolidada, de que el poder está unificado y es sólido y que nada puede alzarse sobre él.

Excepto que, justamente, ya sabemos que hay algo que puede alzarse sobre él. O, mejor dicho, traérselo abajo. Estrellar un avión contra un edificio de esa envergadura tiene un doble simbolismo: por un lado, es el recordatorio físico y visual de que este poder simbólico puede ser traído abajo. Pero, además, es un recordatorio de algo más perverso: no importa cuán grande, cuán articulado ni cuán solido pueda ser un Estado-nación, inevitablemente habrán cosas que se le escaparán. El terrorismo que surge como amenaza para los Estados del siglo XXI es una amenaza que los Estados no están en capacidad de responder. El avión que se trajo abajo la torre terminó simbolizando, a su vez, que el Estado-nación, el Leviatán tal como nos lo pintó Hobbes y se fue construyendo a través de la Modernidad, ya no es plenamente capaz de responder ni siquiera a las necesidades de seguridad y autopreservación con las que comenzó y que fue ampliando con el tiempo.

No quiero adelantarme al final de la historia, porque en realidad, la historia no tiene final (como la nueva torre y el hotel Westin lo muestran claramente). Pero me parece interesante ver cómo los problemas fundacionales de la Modernidad de los que estamos partiendo se ven reflejados de manera tan clara incluso en la forma como hemos aprendido a utilizar y manejar el espacio en el que vivimos. Además del hecho de que, por mucho que estas instituciones conceptuales y sociales se han ido forjando bajo este espíritu, por múltiples razones quizás tenemos hoy la oportunidad de que muchas de estas instituciones se han formado inevitablemente con huecos, a pesar de lo que sus creadores hubieran creído o querido. Este video de una canción de Pearl Jam ilustra mucho mejor que yo, me parece, la manera como la Modernidad parece en realidad estar llena de huecos – pero no nos adelantemos mucho al final de la historia.

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12 responses

22 09 2009
Alvaro Cox

y que representaria el tradicionalismo en este caso esa fuerza que se muestra a la modernidad como su contraparte, en la cual hay una gran resistencia al cambio incesante que se da. Que hay de las creencias culturales de cada pueblo todo debe ser absorbidos por este espiritu moderno para alienarnos a todos bajo una misma fe? la del progreso? y que si esto trae consigo el choque de estas dos fuerzas tradicion y modernidad (ejm de Bagua) como podemos mirar a lo tradicional ?

22 09 2009
Eduardo

Para la Modernidad, básicamente, sí. ¿Cómo oponerse al progreso? Toda mente racional, que logre comprender las verdades de la ciencia, evidentes por sí mismas como las matemáticas, deberá comprender que hay un camino hacia el progreso, que es mejor que los demás caminos. Todas aquellas tradiciones que no lo vean, que no lo comprendan, es solamente porque aún no han desarrollado lo suficiente sus conceptos como para verlo con la misma claridad.

Aunque suena un poco espeluznante, el origen de la antropología en el siglo XIX se dio bajo estas nociones de “otras culturas” como culturas primitivas que aún no entendían las bondades del progreso. La misma lógica, aplicada a un choque como el de Bagua, termina más o menos en lo que, en efecto, hemos visto: un lado queda reflejado como el lado racional del progreso, de la Modernidad, del desarrollo, frente a otro contrapuesto que no comprende, que se cierra en su tradición y no se abre a las bondades de una vida, supuestamente, mejor.

Pero claro, por lo mismo, podemos ir viendo que no funciona, o que no es un modelo tan hermético como esperaban que lo fuera. Las múltiples tradiciones que empiezan a contraponerse o diferenciarse de la Modernidad, a partir del siglo XIX, son también un reflejo de los huecos que tiene. Al principio, la Modernidad y el progreso avanzan y lo absorben todo. En el camino, encuentran resistencia – aviones contra torres, baguazos – y la cosa empieza a complicarse bastante más.

Muy buena tu identificación del problema, dicho sea de paso.

22 09 2009
Victoria Peláez

Pero, no es parte de la modernidad abir la mente hacia “nuevas culturas” y que esta snuevas culturas también puedan abrir su mente hacia las demostraciones tradicionales. No se trata la modernización, y con esto, la globalización de lograr una verdera mixtura de ideas, concepciones, creencias e ideologías para llegar al progreso?. Y la pregunta de fondo es, es el mismo progreso para todos? con esto quiero decir, que quiza para muchos (o sólo algunos algunos) piensen que un nuevo rascacielos de 540 metros de altura, o el de un edificio hotelero de 30 pisos es la modernidad, pero también para otros, la modernidad es un mayor acceso a su propia identidad, a una cultura de respeto entre unos y otros, y de respeto por el lugar dónde viven (cómo el caso de Bagua o del Bosque de Pómac). Quizá en este esfuerzo alienado de copiar ideas q

22 09 2009
Victoria Peláez

-Continuación mensaje anterior-

Quizá en etse esfuerzo de copiar ideas y adaptarlas a una cultura diferente de dónde se crearon es lo que crea esta confusión de ideas y de falsas creencias de modernidad. Quizá la modernidad deseada por filósofos y el concepto de Leviatan de Hobbs, no sea de un estado unipoderoso de imposición, sino de un estado de comprensión y de unificación.

24 09 2009
Alvaro Cox

Claro todo seria bonito si fuera asi verdad? pero quiza deberiamos dar un vistazo a lo que se llama la modernidad. No creo que la globalizacion, con ese rollo del acceso a las diferentes culturas, tenga la intension de unificar las manifestaciones culturales a los que llega. La globalizacion, y esta es mi opinion seria estupendo que debatamos este punto, es primordialmente economica, es decir, un discurso para poner en practica el neoliberalismo a nivel mundial, ahora que como fruto de la revolucion en las comunicaciones que esto conlleva tengamos acceso a diferentes manifestaciones de culturas, no es menos cierto que tambien ha ingresado a nuestro espacio una nueva cultura, la modernidad que esta absorbiendo o desechando las otras manifestaciones culturales para traerlas o quitarlas de su camino hacia el progreso.
Me gustaria saber tambien cual seria la actitud de un filosofo ante situaciones en las que discursos y argumentaciones, que vienen a sustentar todo el camino ya recorrido por la modernidad y el progreso al que nos lleva, evidencian errores en tales caminos tales como la injusticia pobreza etc etc y tantos problemas en el mundo cual es el deber filosofico frente a tales circunstancias a la que nos han llevado por asi decirlo tambien filosofos.

24 09 2009
Eduardo

Creo que hay dos cuestiones por ver aquí. La primera es la que formula Victoria respecto a si la Modernidad no podría llevarnos a un “estado de comprensión y de unificación” – y aquí, creo que la cuestión es que sí, y que no. Sí, porque de hecho la Modernidad sí nos plantea el hecho de que hay un camino hacia la verdad y hacia la moral y que todos podemos seguir ese camino si nos guiamos por el uso de nuestra razón. Pero no, porque esto mismo significa, al mismo tiempo, que los que no se guíen por la Razón como lo plantea la Modernidad, son los que quedan afuera. El espacio para la diversidad, para entender el desarrollo desde un punto de vista más amplio y abarcante, no son ideas que hayan surgido de la cantera propiamente moderna, sino justamente de la respuesta que hemos visto, en los últimos 100 años, que se ha generado hacia esa cantera. Pero la culminación de las ideas modernas parece ir, aunque no siempre, por el lado que señala Alvaro: una globalización que lo arrasa todo a su paso. Ahora, eso no zanja la discusión: de hecho, queda abierta la pregunta inmediata, ¿no puede la Modernidad misma resolver sus propios problemas? ¿No pueden explicarse estos consecuencias negativas como malinterpretaciones o malas aplicaciones de las ideas de la Modernidad misma? Un filósofo contemporáneo como Jürgen Habermas, por ejemplo, nos dirá que la salida a estos problemas de la Modernidad no es la salida de la Modernidad, sino desde la Modernidad.

Lo cual me lleva a la segunda cuestión, cuando Alvaro menciona, ¿cuál sería la actitud de un filósofo? Las interpretaciones son múltiples. Algunos, como Habermas, no abandonan, sino que quieren reformular la Modernidad como proyecto, para adaptarla a las necesidades nuevas que surgen hoy. Otros, en cambio, hablan más bien de la invalidez u obsolescencia de los ideales de la Modernidad, o de la imposibilidad de formular ideales que pretendan, de la misma manera, ser válidos para todos los seres humanos apelando a algún tipo de “verdad” absoluta. Creo que esto amerita que lo sigamos discutiendo más – ¿cuál creen ustedes que debería ser la actitud del filósofo frente a esto?

22 09 2009
Fiorella

Admire me, admire my home
Admire my song, admire my clothes
cause we know, appetite for a nightly feast
Those ignorant indians got nothin on me
Nothin, why?
Because, its evolution, baby!

En mi, probablemente equivocada, forma de entender todo esto creo que el proyecto moderno se crea sobre un vacio, el del propio ser humano.

Este ser que al perder la conexion con su entorno empieza a tener miedo y angustia a lo cambiante e impermanente de su existencia ( Anicca para G. Buddha) y pierde el valor de mirar hacia adentro de el mismo. Se vuelve entonces una idea casi utopica el permitirse sentir (verdaderamente sentir) cada momento, sea triste o incluso feliz ( o quien no ha estado ultimamente en alguna situacion alegre, pero tomando fotos para colgarlas al dia siguiente en el famoso facebook). El ser humano se vuelve una especie de macho de pelo en pecho que necesita auto demostrarse que no necesita mirar hacia adentro, que no necesita de su sensibilidad .. que eso es cosa de ninnos o monjes budistas.. y lo hace sembrando falos erectos cada vez mas grandes apuntando hacia arriba. Ya no solo le escupe al cielo, sino que ( perdonando la expresion) le saca la misma verga.

Es este mismo miedo el que lo hace calificar de primitiva o atrasada a cualquier cultura con el valor sufienciente de ver hacia adentro de ellos mismos, de sentir. Como el macho que abusa de su mujer, porque en el fondo siente rabia y miedo.. de no poder ser como ella.

Asi este macho abusivo podra seguir construyendo miles de rascacielos avergados cada vez mas y mas altos pero todos se van a desmoronar si es que el hombre mismo no es el cimiento de su obra.

Recordemos que podemos emprender un camino si nos olvidamos de llevar las maletas llenas de ropa moderna, podemos emprender un camino si nos olvidamos de nuestros celulares de ultima generacion o nuestras laptops y ipods.. pero nunca podremos emprender un camino olvidandonos de nosotros mismos.

Bueno les mando mucho Amor y que todos podamos ser libres y sin miedo a mirar hacia adentro!!! que viva la impermanencia!!

Anicca!

24 09 2009
Eduardo

Fiorella, creo que empiezas a encontrar varios elementos interesantes que recién empiezan a surgir con la crítica contemporánea de la Modernidad muchos años después – y espero que guardes estas ideas porque serán muy útiles y relevantes cuando leamos a gente como Kierkegaard o Nietzsche. Además, el rastreo que haces puede sí, volverse muy psicoanalítico en que de hecho hay ciertos complejos y represiones de naturaleza casi sexual en lo que hace la Modernidad con el cuerpo, con la sensibilidad, con la relación entre los géneros. Es curioso, por ejemplo, que en su gran, gran mayoría, los pensadores de la Modernidad no hayan sido mujeres, sino casi todos hombres – con las mujeres recién apareciendo con mayor importancia hacia el siglo XIX. Esto, de hecho, refleja mucho del tipo de sensibilidad que se construyó, por un lado, y por otro, el tipo de racionalidad con el que se construyó la matriz de la sensibilidad masculina que perdura hasta la actualidad.

La impermanencia y la sensibilidad, sin embargo, no consiguen ser desaparecidas del todo, y eso es un poco lo que estamos rescatando con algunos autores que se aferran a ellas en mayor o menor medida. Y es algo, además, que poco a poco irá resurgiendo con mayor importancia. Aún así – como señalan los comentarios anteriores – este resurgimiento no es definitivo cuando muchas de las mismas tensiones la seguimos viviendo hoy día.

23 09 2009
Mariana Cruz

Respecto a lo visto me parece que la idea de Hobbes de un hombre egoista se refleja claramente en la modernidad, o en la forma en la que esta se da. El hombre construye, crea, pero no ve más allá de el. El estado que propone Hobbes, si mal no estoy, es un estado en el cual las personas renuncian a sus libertades para vivir mejor. Pero en un país como el nuestro, el cual me parece no tiene lo que propone Hobbes, es decir no tiene la fuerza ni se presenta como un verdadero poder sobre nosotros, no podemos tener una modernización y una vida buena para todos. Las leyes de este país no se acatan muchas veces como correspondería , la gente se burla de las autoridades y si tomamos el caso de las torres gemelas y el ataque terrorista ( no estoy segura si tendría que ser asi) no tendrían que ser los dos países involcurados estados como los que plantea Hobbes para poder criticar su idea. Es decir , la gente dentro de Estados Unidos tiene cierta protección en relación a que tienen un estado de alguna manera fuerte, pues no estoy segura si es que dicho país llega a tener la fuerza que postula Hobbes para el estado. Entonces, la idea sería que el hombre es de naturaleza egoísta realmente como menciona Hobbes, al modernizar pensando solo en su propio bien y no pensando a futuro, en las posibles consecuencias que puedan traer sus actos para con los otros, como en el caso del Westin,el cual será un supuesto simbolo de modernidad pero nos traerá más carros ,por tanto más tráfico, por tanto más contminación, con lo cual no se cuida a los ciudadanos. De qué sirve basar las nuevas creaciones en cosas que no piensan en todos y llamarlas modernidad… ?

24 09 2009
Raúl E. Zegarra Medina

Es curioso lo que mencionas de Hobbes, porque, de hecho, el estudio evolutivo parece demostrar lo contrario. A saber, que en principio el ser humano es social y solidario porque esto es parte del proceso que optimiza el desarrollo de la especie (Cf. Darwin, Ch. El origen de las especies. Cap. IV. Conclusiones). Lo interesante es ver si es que lo que acabo de decir realmente contradice lo que tú sostienes o más bien lo refuerza. ¿Qué querría decir eso? Pues que quizá “naturalmente” somos solidarios y que, entonces, es lo artificial lo que nos corrompe, es decir, la comunidad política, el Estado. Es un tema importante que veremos a la luz de Rousseau en este segundo bloque.

23 10 2009
Celeste

El conocimiento es necesario y también debemos tratar de que sea verdadero,pero no debmos limitarnos.e lverdadero conocimiento es algo que yo enyiendo así:”Sé que sé…”Creo que el verdadero conocimiento esu na experienca personal(esto lo legitima) y entiendo que,finalmente el hombre nunca va a poder tener todo bajo control.No entiendo porqué no lo acepta y es que cada uno es conciente de su temporalidad y de las transformaciones que ocurren cada día en nuestras vidas.Al menos/y aunque suene pesimista,lo cual soy todo el tiempo)yo ya lo he aceptado.

18 01 2010
Selva de concreto « Castor Ex Machina

[…] del curso de Filosofía Moderna que dictamos el semestre pasado en la PUCP, escribí un post sobre la relación entre los ideales de la modernidad y nuestra concepción de la ciudades. La cuestión va más o menos por la misma dirección: una ciudad de estas dimensiones, en esta […]

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