Immanuel Kant y el proyecto de la fundamentación de la moral

14 10 2009

toykant

Esto de dedicarse a la filosofía nos tiene a todos tremendamente ocupados entre preparar clases, corregir exámenes y presentar ponencias para diferentes foros y congresos. De todos modos, eso no nos excusa para dejarlos abandonados por aquí; así que esta vez me toca decir algunas cosas y creo que es buen pretexto hacerlo con un autor como Kant.

Como saben, el pequeño Kant andaba muy preocupado, como casi todos los Modernos, por la cuestión del conocimiento. ¿Cómo haremos para hablar de conocimiento certero?, se preguntaba. Recuerden que para su época ya había caído en las rutas del pensamiento esa bomba devastadora denominada Hume. Este autor había “probado” que en un razonamiento consecuente no era posible hablar de certeza porque no había modo de probar nada con certeza y que por ello, a lo mucho, habría que “creer” en que tenemos conocimiento del mundo. Kant estaba fastidiado con esa idea y se encargo de desarrollar un sistema que permitiese recusar la idea de Hume y a la vez rescatar sus puntos relevantes. De ahí la famosa idea de Kant de que el conocimiento se inicia por la experiencia, pero no todo procede de ella (Crítica de la Razón Pura, Introducción). Así, Kant dirá que existen en la razón del ser humano elementos a priori (previos a la experiencia) que garantizan el conocimiento certero: las categorías del entendimiento. Las categorías dan forma al material que obtenemos de la experiencia. Sin las categorías solo tendríamos dispersión, nada organizado, en cambio al existir ellas podemos propiamente conocer y saber, por ejemplo, que ese perro es real, es uno, es una substancia, etc. El tema es más complejo, pero lo dejo ahí para pasar a lo que más nos interesa: la reflexión moral de Kant.

El problema ético de Kant no es muy distinto del problema de su teoría del conocimiento, lo podríamos poner así: ¿cómo podemos hablar de conocimiento moral certero? En otras palabras, de qué modo puedo asegurar que determinadas acciones son morales y que otras no. Piensen que esto es muy importante, porque lo que Kant quiere evitar es el relativismo moral. Esas bobadas, pensaría él, de decir que el mayor bien del hombre es su felicidad (¿les suena?). Este idea incomodaba a Kant porque la felicidad de unos es muy distinta a la de otros y si ella se convierte en el criterio no podríamos hablar de una moral universal. Piensen, además, que esto está a la base de la teoría contractualista que suscriben a su modo Hobbes, Locke y Rousseau: como no hay nada universal, todos hacen lo que quieren; ergo, se universaliza el contrato social para que el acuerdo nos proteja a todos. Kant, sin embargo, quiere otro tipo de universalidad: una que no venga del común acuerdo, sino que venga a priori.

En ese sentido, nuestro autor introducirá su famosa noción de deber: toda acción que se lleva a cabo sin influjo de la inclinación. En otras palabras, cuando ustedes caminan por el Óvalo Gutiérrez (podría ser cualquier lugar, en realidad) y ven a la viejita (se llama Juanita, a todo esto) que se suele sentar cerca a la puerta de la Iglesia María Reina, ¿le dan limosna? Y, esta es la pregunta del millón, ¿se la dan porque les da pena?, ¿porque piensan “mi abuelita vive bien y feliz, pero ella pudo haber sido también mi abuela; ergo, la ayudo”?, ¿porque son buenos cristianos y su fe se los sugiere? Para Kant, cada una de las razones expuestas está “contaminada” por inclinaciones y, por ello, se trata de acciones inmorales. Presten atención, no malas; sino inmorales. ¿Por qué?, se preguntarán. Bueno, porque para Kant una acción moral es la que se hace solo por el deber mismo. ¿Qué quiere decir esto? Que para actuar moralmente, ustedes tienen que formularse racionalmente la máxima de su acción. Por ejemplo, estas tres: a) Debo ser religioso para ayudar, b) Siempre que siento pena, debo ayudar a quien sufre, c) Debo ayudar a las personas en situación de necesidad. Estas son máximas de acción. Lo que Kant nos va a pedir es que hagamos que estas máximas pasen por el filtro del Imperativo categórico. ¿Qué implica esto? Que nos preguntemos si todas estas máximas tienen la capacidad de convertirse en leyes universales. ¿La tienen? Es claro que a) no: no puede condicionarse de modo universal la ayuda a una convicción religiosa (algunos creen que sí, pero eso lidia casi con el absurdo). Es igualmente claro que b) tampoco aplica: la pena no puede ser la causal universal de ofrecer ayuda, ya que uno podría no sentir pena por alguna razón y eso no debería ser materia que excluya la acción. Finalmente, nos queda c): ¿puedo universalizarla? Kant piensa que sí porque allí no se actúa por una mera motivación coyuntural, sino que se está pensando en el deber universal de cada uno para con los demás.

Esto tiene muchos puntos para conversar, pero este post no pretende cerrar el asunto, sino apenas introducirlo. Les dejo, sin embargo, algunas ideas para que las mediten y consulten con sus JPs:

1. ¿Qué relación existe entre el proyecto crítico de la razón pura (teoría del conocimiento) y el de la razón práctica (ética)?

2. ¿Cuál es el “truco” de Kant para poder hablar de “hechos morales”? ¿Cómo concibe a la razón humana?

3. ¿Cuál es el rol de la autonomía y cómo define esto al sujeto en la concepción kantiana?

Creo que con eso tenemos ya bastante para discutir (también les puede ayudar la imagen, es un buen resumen :P), suerte con los parciales y sigan leyendo el blog.

R.

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